La Ribera de Navarra es el territorio de los amplios espacios abiertos, configurados por las extensas vegas de los grandes ríos y los suaves cerros margosos. La favorable topografía y fertilidad de sus tierras aluviales son la causa de un pujante poblamiento, desarrollado casi siempre en las inmediaciones de los cursos fluviales. Esta ocupación humana secular de un medio sin limitaciones físicas importantes, ha originado un paisaje agrícola en el que son escasas las zonas que conservan la vegetación original, cebtradas sobre todo en los sotos de ribera. Por la misma razón existe una gran densidad de pistas y caminos rurales de uso agrícola, siendo raros los senderos estrechos.
Sobre este medio natural amable y humanizado, el Consorcio EDER ha acondicionado una red de paseos que permiten, a visitantes de toda edad y condición, conocer muchos rincones que de otra manera quedarían ignorados: lagunas, sotos, ermitas, despoblados, sistemas agrícolas tradicionales, miradores, etc. Además supone una oferta muy atractiva para un turismo cada vez más exigente, que demanda actividades y nuevas experiencias.