Desde este mirador retrocedemos nuevamente por el camino que hemos venido en dirección oeste. A los pocos metros nos encontramos de nuevo con la antigua carbonera que se reconoce por el color oscuro de la tierra y la falta de vegetación que nos habla de antiguos usos de estos bosques para la producción de carbón vegetal, hoy abandonada. El camino sigue, a veces un poco difuminado, por zonas muy frecuentadas por jabalís como se puede apreciar por el estado del suelo muy revuelto y hociqueado.
Sobre las numerosas piedras calizas que cubren gran parte del suelo se pueden apreciar grandes cantidades de nummulites, pequeños animales unicelulares que poblaban lo mares en el Eoceno, hace unos 30 millones de años, y que nos da fe de que esta zona se encontró cubierta por el mar en aquellos tiempos.
El bosque que atravesamos es un típico carrascal montano bastante joven constituido por un estrato arbóreo bastante bajo formado fundamentalmente por carrasca, Quercus rotundifolia, entre los que puede alternar algún quejigo, Quercus faginea, que se hacen más dominantes en los barrancos y zonas más húmedas, labiérnagos, Phyllirea latifolia, grandes enebros de la miera, Juniperus oxycedrus, e igualmente grandes bojes, Buxus sempervirens..
El arbolado se une sin una clara diferenciación con un estrato arbustivo alto formado por pequeñas carrascas, coscojas, Quercus coccifera, bojes, enebros de la miera, rosales silvestres, Rosa canina, algunos espinos albares, Crataegus laevigata, guillomos, Amelanchier ovalis, aulagas, Genista scorpius.