Pirinexus (Girona)
Recorrido: Olot - Molló - Argelés - Peralada - Palamós - Girona - Olot
Autor: Aquerreta Reta, Javier
10/06/2025
12/05/2026
Mapa de la ruta
Descripción general de la ruta
La ruta Pirinexus representa la aventura definitiva para quienes desean unir la fuerza de los Pirineos con la esencia de la Costa Brava sobre dos ruedas. Este itinerario circular ofrece una diversidad de paisajes asombrosa, permitiendo al ciclista pedalear a través de bosques centenarios, volcanes únicos y parques naturales, para terminar descubriendo viñedos mediterráneos y calas vírgenes de aguas cristalinas. Se trata de un viaje que va mucho más allá del deporte, conectando las comarcas de Girona y el Vallespir a través de territorios cargados de historia. En su trazado, es posible recorrer senderos emblemáticos como los caminos de la Retirada, visitar tesoros arqueológicos como las ruinas griegas y romanas de Empúries o perderse por las calles de ciudades tan icónicas como Girona.
El recorrido está diseñado para disfrutarse principalmente por vías verdes, pistas forestales y carreteras secundarias poco transitadas, lo que lo convierte en el escenario perfecto para bicicletas de gravel, híbridas o de trekking. Es una ruta pensada para el cicloturismo de alforjas, permitiendo a cada viajero marcar su propio ritmo y decidir si prefiere completar el desafío en una escapada intensa de dos días o en una travesía más pausada de cuatro a seis jornadas. En definitiva, la Pirinexus es una invitación a saborear el territorio, donde cada pedalada revela un nuevo matiz de este rincón privilegiado entre la montaña y el mar.
Ruta paso a paso
Sin duda, Girona se ha consolidado actualmente como la zona de referencia para el ciclismo gravel por excelencia. Entre su red de rutas señalizadas destaca la Pirinexus, un reto que este grupo de jubilados decidió afrontar con determinación. Lejos de buscar atajos, optamos por alargar el recorrido original, cruzando la frontera hasta Argelès-sur-Mer para rendir homenaje y seguir los pasos de los numerosos exiliados del 36. Es cierto que lo hicimos con el apoyo de bicicletas eléctricas, pero esto solo demuestra que la edad no es una excusa, sino una oportunidad para seguir disfrutando de la libertad sobre dos ruedas. Aunque lo habitual sería establecer la capital gerundense como base de operaciones, nosotros optamos por iniciar y terminar la aventura en Olot. Esta localidad nos ofreció una atmósfera mucho más tranquila para los preparativos y el cierre de la ruta, alejándonos del bullicio urbano y sumergiéndonos desde el primer momento en el paisaje volcánico.
Es fantástico ver cómo las bicicletas eléctricas están rompiendo barreras, permitiendo que rutas tan épicas como esta sean disfrutadas por todos, sin que la edad sea un freno.
De la Capital del Fuego al Corazón de la Montaña.
Iniciamos nuestra aventura saliendo de Olot por la carretera N-260, afrontando un ascenso constante que nos lleva a coronar los puertos de Coubet y Santigosa. Se trata de un tramo íntegramente de asfalto que, con una pendiente media muy asequible del 4% a lo largo de 22 kilómetros, nos permite ganar altura de forma progresiva hasta alcanzar Sant Joan de les Abadesses. En esta localidad, la parada es obligatoria para descubrir su casco antiguo siguiendo la sugerente ruta del "Secreto de Sant Joan de les Abadesses", una pausa cultural necesaria antes de retomar el camino.
Desde aquí, el paisaje cambia y nos incorporamos a la vía verde que nos conduce suavemente hasta Sant Pau de Segúries.
Tras cruzar la carretera general, un camino de subida nos deposita en la emblemática villa de Camprodon. Aquí es imprescindible hacer un alto en el camino para admirar su famoso Puente Nuevo. Se trata de una imponente estructura de un solo arco de piedra con el característico perfil de "lomo de asno", unido a una torre de defensa que albergaba el antiguo portal de Cerdaña. Su silueta, restaurada en 1930, es el símbolo indiscutible de la villa y cruzarlo nos transporta directamente al pasado medieval antes de seguir la ruta hacia la calle de San Roque.
Al dejar atrás la localidad y cruzar el río Ritort, el entorno se transforma definitivamente: los campos dan paso a paisajes propios de alta montaña, con picos más escarpados y un aire más puro. El esfuerzo final de esta etapa nos lleva hasta Molló, donde el relieve ya nos advierte de la proximidad de la frontera.
Del Techo de la Pirinexus (Coll d'Ares) al Mediterráneo.
Iniciamos la tercera jornada afrontando el gran reto de la ruta: la ascensión al Coll d'Ares. Con sus 1.510 metros de altitud, este puerto no solo representa el punto más elevado de toda la travesía, sino también el paso fronterizo hacia territorio francés.
Pero más allá de los números, el Coll d'Ares es un lugar sagrado para la memoria; fue una de las principales vías de huida hacia el exilio durante la Guerra Civil Española. En su cima, un monumento conmemorativo rinde homenaje a quienes cruzaron estas montañas en busca de libertad, convirtiendo nuestro pedaleo en un acto de recuerdo.
Tras coronar y dejar atrás la frontera, iniciamos un descenso vertiginoso y gratificante hacia Céret, atravesando la frondosidad del Vallespir. Aunque Céret es un pueblo con un encanto indiscutible, famoso mundialmente por sus cerezas y su aire bohemio, decidimos no dar por terminada la jornada allí. Con las baterías aún listas y el ánimo alto, optamos por continuar siguiendo la vía verde que nos conduciría directamente hacia la costa. El paisaje de montaña fue cediendo paso a la brisa marina hasta alcanzar Argelès-sur-Mer, culminando así una etapa de contrastes que nos llevó desde las cumbres pirenaicas hasta el mismo borde del mar.
La tercera etapa de nuestra travesía nos sirve para cerrar el paréntesis francés y recuperar el trazado oficial de la Pirinexus. Tras haber alcanzado la costa en Argelès, ponemos rumbo sur para cruzar de nuevo la frontera, dejando atrás los ecos del exilio.
En el camino de regreso, nos detenemos en Collioure para visitar las tumba de los exiliados del 36, un lugar de peregrinaje donde descansa el poeta Antonio Machado. Tras este emotivo momento, nos preparamos para cruzar la frontera por el Coll de Banyuls. Optamos por esta ruta al ser una carretera muy poco transitada, lo que nos permite disfrutar del entorno, aunque el puerto nos exige el máximo: no es excesivamente largo, pero su desnivel es realmente duro, poniendo a prueba nuestras piernas.
Una vez coronado el puerto, el descenso nos ofrece dos formas de entender la aventura. Mientras una parte del grupo elige la comodidad del asfalto directamente hasta Peralada, otros nos aventuramos por un desvío pedregoso que se interna en la montaña. Este camino, algo técnico y exigente, nos conduce hasta el Monasterio de Sant Quirze de Colera. La sorpresa es mayúscula: las imponentes ruinas del convento románico, aisladas en un valle solitario, nos dejan sin palabras. Sin embargo, el lugar nos guarda una última recompensa: una magnífica comida en el restaurante del lugar que nos sirve de agasajo y nos da las fuerzas necesarias para completar el camino hasta Peralada, donde recuperamos finalmente el trazado oficial de la Pirinexus.
En la cuarta etapa, abandonamos la elegancia de Peralada para poner rumbo a la costa, siguiendo el trazado que nos conduce hacia L’Escala y terminar en Palamós.
Antes de entrar en L’Escala, la ruta nos regala un viaje en el tiempo al encontrarnos con los vestigios d Sant Martí d’Empúries. Pedalear junto a los antiguos muros del puerto griego y romano, donde hace milenios desembarcaron las civilizaciones que dieron forma a nuestra cultura, es una de las experiencias más potentes de la Pirinexus.
Continuamos nuestro avance en dirección a Palafrugell, atravesando un mosaico de pistas y carreteras secundarias donde el paisaje está dominado por la tradición agrícola y la explosión de color de sus extensos campos frutales. Una vez en Palafrugell, el terreno se vuelve aún más amable al incorporarnos a la Vía Verde del Tren Petit. Este sendero recupera el antiguo trazado del ferrocarril de vía estrecha que históricamente conectaba Palamós con Girona, ofreciéndonos un rodar fluido y seguro. Finalmente, las barcas y el aroma a salitre nos indican que hemos llegado a Palamós, una villa de profunda tradición pesquera donde el puerto se convierte en el escenario perfecto para celebrar el final de esta etapa.
Al salir de Palamós, apenas tardamos unos kilómetros en enlazar con uno de los trazados más queridos por los ciclistas locales: la Ruta del Carrilet II. Esta vía verde, que conecta Sant Feliu de Guíxols con la capital gerundense, es un ejemplo perfecto de cómo recuperar el patrimonio histórico para el disfrute del pedal. El camino sigue fielmente el antiguo trazado del tren de vía estrecha que, durante décadas, unió la costa con el interior.
El recorrido nos ofrece un pedaleo suave y constante, permitiéndonos transitar desde el acogedor valle del río Ridaura hasta cruzar la divisoria de aguas que nos introduce en la cuenca del río Ter. Es una transición paisajística fascinante, donde el aire húmedo del mar va dejando paso a la frescura de las riberas fluviales. Rodar por el Carrilet II es dejarse llevar por una pendiente casi imperceptible pero favorable, atravesando bosques y zonas de cultivo que nos guían, casi sin darnos cuenta, hacia las puertas de Girona, la ciudad que da nombre y alma a esta zona del gravel mundial.
Terminamos la etapa en la ciudad de Girona, un enclave que se ha ganado a pulso ser el epicentro del ciclismo, pero que ofrece tesoros que van mucho más allá del pedal. En una ruta de estas características, merece la pena dedicar un día entero a la visita de su Barrio Viejo, un laberinto de piedra donde la historia se respira en cada rincón. Durante nuestra estancia, pudimos disfrutar de la majestuosidad de la Catedral, que domina el horizonte con su imponente nave gótica, y perdernos por las estrechas y mágicas callejuelas del Call, uno de los barrios judíos mejor conservados de Europa. El broche de oro a la visita lo puso el recorrido por la antigua muralla, desde donde se contempla una de las mejores panorámicas de la ciudad y se puede apreciar, a lo lejos, el relieve de las montañas que ya forman parte de nuestros recuerdos.
Para cerrar este gran círculo, la última jornada nos llevó a afrontar el tramo final de regreso hacia nuestro punto de origen. Saliendo de Girona, nos incorporamos a la Ruta del Carrilet I, la vía verde que remonta suavemente el curso de los ríos Ter y Brugent.
Este trazado, que sigue el antiguo camino del tren de vía estrecha, nos permitió pedalear entre la frondosidad del Vall d’en Bas, disfrutando de un paisaje cada vez más verde y accidentado que nos anunciaba el regreso a la zona volcánica. Finalmente, tras completar los kilómetros de ascenso progresivo, entramos de nuevo en Olot, el lugar donde todo comenzó. Regresamos con la satisfacción de haber completado la Pirinexus, demostrando que, con el apoyo de nuestras bicicletas eléctricas y la determinación de este grupo de jubilados, no hay frontera, puerto ni distancia que se resista cuando las ganas de descubrir el territorio son el motor principal.
Entrar de nuevo en Olot fue mucho más que completar un track en el GPS; fue la confirmación de que la curiosidad no tiene fecha de caducidad. Dejamos atrás los volcanes, cruzamos los Pirineos por el techo de la ruta, rendimos tributo a la historia en Collioure y nos empapamos de la luz del Mediterráneo antes de regresar a la montaña. Esta Pirinexus nos ha demostrado que, con una bicicleta eléctrica y buena compañía, el territorio se vuelve infinito. Nos vamos con las alforjas vacías de peso, pero llenas de paisajes, historia y la satisfacción de haber vivido una aventura compartida que tardaremos en olvidar, y en espera de proximas aventuras.
Para que vuestra experiencia sea tan completa como la nuestra, hemos preparado un documento técnico con todos los detalles necesarios para el camino. En el siguiente enlace podréis descargar el rutómetro de nuestra travesía, que incluye la ubicación de talleres de bicicletas, farmacias y puntos de interés clave en cada una de las localidades por las que transcurre la ruta.
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